Ciudad de México, 31 de agosto de 2026
Jorge Arturo Castillo
Dejar los controles volumétricos para fin de año eleva el riesgo empresarial
Cumplir una obligación empresarial no siempre consiste en llegar antes de la fecha límite. Una precisión sobre controles volumétricos muestra por qué, cuando aquello que debe acreditarse sólo puede comprobarse en determinado momento, anticiparse también forma parte de administrar el riesgo.
Dejar algo para después suele parecer una decisión relativamente inocua. Mientras exista una fecha límite, siempre habrá tiempo para reunir documentos, completar expedientes o resolver pendientes. Muchas empresas conocen bien esa carrera contra el calendario que aparece conforme se acerca el cierre del año, pero el problema cambia cuando cumplir no depende únicamente de entregar información, sino de demostrar las condiciones bajo las cuales una operación funciona en un momento determinado.
Algo parecido ocurre con los controles volumétricos utilizados en el sector de hidrocarburos. Una precisión difundida por la Entidad Mexicana de Acreditación (EMA), relacionada con los Anexos 21 y 22 de la Resolución Miscelánea Fiscal 2026, establece que la verificación de la correcta operación y funcionamiento de los equipos y programas informáticos empleados para llevar estos controles debe realizarse mediante una inspección presencial.
Detrás de una disposición que podría parecer reservada para especialistas fiscales y energéticos existe una lección bastante más cercana a la administración cotidiana de cualquier compañía. Conocer una fecha de vencimiento no necesariamente significa disponer hasta ese día para resolver una obligación.
Cuando cumplir depende del momento
Recepción, almacenamiento, inventarios y movimientos de hidrocarburos y petrolíferos forman parte de la información que registran los controles volumétricos. Para conseguirlo intervienen programas informáticos, equipos, mediciones y procesos que necesitan funcionar de manera coordinada.
Revisar un archivo o conectarse a distancia con determinado sistema puede mostrar información sobre lo ocurrido, pero no necesariamente permite comprobar las condiciones existentes mientras esos equipos se encuentran operando. Precisamente ahí adquiere relevancia la inspección presencial.
Según la precisión difundida por la EMA, el procedimiento comprende recopilación de información, levantamiento en sitio y posteriormente la emisión de hallazgos y conclusiones. Acudir a las instalaciones permite observar las condiciones existentes al momento de la evaluación y verificar directamente la operación de los equipos y programas informáticos.
Gustavo Hernández, director general de Metroenergy, Unidad de Inspección especializada en controles volumétricos, explica que el proceso no debe limitarse a una revisión documental o remota, precisamente porque resulta necesario constatar directamente las condiciones bajo las cuales opera la infraestructura utilizada por el contribuyente.
Vista desde una perspectiva empresarial, la diferencia parece pequeña hasta que llega el momento de acreditar el cumplimiento. Guardar información permite conservar un registro; verificar oportunamente permite demostrar las condiciones en las que ese registro fue generado. Ambas cosas pueden parecer equivalentes mientras nadie necesite comprobarlas.
El costo de esperar
Programar una inspección puede ocupar apenas una línea dentro de una larga lista de obligaciones corporativas. Sin embargo, las verificaciones deben efectuarse dentro del ejercicio fiscal correspondiente y los certificados tienen vigencia anual, de manera que elegir cuándo realizar el proceso adquiere un peso que rebasa la simple organización administrativa.
Bajo el criterio señalado en la circular, tampoco será posible emitir certificados correspondientes a ejercicios fiscales anteriores a partir de su publicación. A ello se suma que la verificación refleja las condiciones de los equipos y programas informáticos existentes en el momento en que se lleva a cabo.
Esperar hasta las últimas semanas del ejercicio reduce entonces el margen de maniobra. Si durante la inspección aparecen hallazgos, habrá menos tiempo para atenderlos; si surge alguna dificultad para programar la visita, el calendario comienza a jugar en contra; y si las condiciones operativas cambian, conservar archivos históricos no necesariamente permitirá reconstruir aquello que debía observarse presencialmente.
Desde Metroenergy, Hernández destaca por ello la importancia de programar con anticipación las verificaciones y evitar concentrar el proceso hacia el cierre del ejercicio fiscal. Más que adelantar un trámite por comodidad, se trata de disponer de tiempo para comprobar las condiciones requeridas y responder ante cualquier eventualidad.
Cuando el calendario se vuelve parte de la operación
Administrar una empresa implica convivir con fechas. Vencimientos fiscales, renovaciones, contratos, permisos, auditorías, certificaciones y obligaciones regulatorias forman parte de una agenda que puede volverse especialmente pesada conforme termina el año.
No todas esas fechas, sin embargo, representan el mismo tipo de riesgo. Algunas obligaciones pueden resolverse reuniendo información que ya existe; otras dependen de terceros, visitas, verificaciones o condiciones operativas que deben observarse en determinado momento. Tratarlas de la misma manera puede convertirse en un error de planeación.
Anticiparse adquiere entonces un significado diferente. Ya no consiste solamente en evitar una sanción o cumplir antes de tiempo, sino en conservar capacidad de reacción frente a aquello que no depende completamente de la empresa.
Eso es justamente lo que vuelve interesante el caso de los controles volumétricos más allá del sector energético. Una obligación aparentemente técnica termina recordando algo elemental en los negocios: cuanto menor sea el control que tenemos sobre el último paso de un proceso, mayor debería ser el margen que dejamos para completarlo.
Punto y seguido | Cuando la casa comienza a funcionar como un ecosistema
La tecnología llegó al hogar por partes: primero una cámara, después un timbre inteligente, un router, algún monitor y otros dispositivos conectados. El siguiente paso parece menos relacionado con acumular aparatos y más con conseguir que todos ellos funcionen como parte de una misma experiencia.
Dahua Technology México busca aprovechar esa transición mediante Smart Living, una estrategia con la que pretende ampliar su presencia más allá de la videovigilancia para integrar seguridad, conectividad y comodidad. El movimiento cobra sentido conforme la casa se convierte simultáneamente en vivienda, oficina, espacio de entretenimiento y centro de conexión.
Ahí puede estar también el cambio de negocio. En el hogar inteligente, la competencia quizá deje de centrarse en quién vende más dispositivos y pase a quién consigue que funcionen mejor juntos. El valor, entonces, ya no estará solamente en el aparato, sino en el ecosistema que logra construir alrededor del usuario.
Jorge +52 1 55 5100 4868

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