mayo 27, 2024

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El punto sobre la i


Arturo Damm

La deuda pública es absolutamente incompatible con la democracia, puesto que compromete el patrimonio de futuras generaciones que ni siquiera han participado en el proceso electoral para elegir a los gobernantes que contrajeron la deuda.

Albero Venegas Lynch

Cuatro son las fuentes de financiamiento del gasto gubernamental: impuestos, deuda, producción de dinero, venta de activos.

La venta de activos es una fuente no recurrente de ingresos, que supone que el gobierno tiene activos, que no debe tener, razón por la cual debe venderlos, para lo cual se requiere que los pueda vender (que no haya, por ejemplo, un impedimento constitucional, que considere a esos activos como bienes inalienables de la Nación).

La producción de dinero es una fuente recurrente de ingresos que, de volverse habitual, ocasiona inflación, pérdida en el poder adquisitivo del dinero, que atenta contra el derecho a la propiedad privada, razón por la cual debe estar prohibida como fuente de financiamiento del gasto gubernamental (en esta prohibición consiste la autonomía de los bancos centrales).

La deuda, como fuente de financiamiento del gasto gubernamental, se justifica si los recursos así obtenidos se invierten de manera productiva, para producir y ofrecer bienes y servicios, cuya venta genere ingresos para liquidar esos pasivos, producción y oferta de satisfactores que es la tarea propia de las empresas, no del gobierno (hay que distinguir entre gobierno y empresas del gobierno).

Los impuestos, por los cuales el gobierno obliga a los ciudadanos a entregarle parte del producto de su trabajo, deben ser la fuente ordinaria de financiamiento del gasto gubernamental, impuestos que se justifican si el gobierno se limita a la realización, honesta y eficaz, de sus legítimas tareas, lo cual plantea dos preguntas: ¿cuáles son esas tareas? y ¿hay una manera objetiva de responderla, de tal manera que todos estén de acuerdo?

¿Qué pasa si la deuda contraída por el gobierno no se invierte de manera productiva, por lo que no genera los ingresos necesarios para pagarla, como sucede frecuentemente? Lo que pasa es que en el futuro, cuando esos pasivos tengan que liquidarse, el gobierno al que le toque hacerlo, que no será el mismo que los contrajo, tendrá que echar mano, vía impuestos, de parte del producto del trabajo de los ciudadanos, de parte de sus ingresos, obligándolos a pagar una deuda que contrajo un gobierno por el cual ellos no votaron, lo cual es antidemocrático.

A este escenario es al que se refiere Benegas Lynch al afirmar que la deuda gubernamental es incompatible con la democracia, porque los gobiernos que la contraen, a plazos de años, décadas o siglos (gobiernos mexicanos han contraído deuda a cien años), comprometen parte del ingreso de las generaciones futuras, que no votaron por quienes contrajeron esa deuda que, años más tarde, a ellos se les obligará a pagar, lo cual quiere decir que esa deuda no se invirtió productivamente, por lo que no generó los ingresos necesarios para su liquidación.

El problema no es la contracción de deuda, sino el uso improductivo de la deuda contraída, lo cual obliga, cuando la deuda deba pagarse, a echar mano del trabajo productivo de los ciudadanos, lo cual es, desde el punto de vista de la democracia, incorrecto.

Por eso, pongamos el punto sobre la i