junio 13, 2024

EMPREFINANZAS

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El punto sobre la i

Arturo Damm

A los ciudadanos nos está permitido todo lo que no está prohibido, es el viejo principio liberal.

Federico Reyes Heroles

Principios liberales puede haber muchos: los más socorridos (¿cuáles son?), los que ya se olvidaron (¿cuáles fueron?), los que se descubrirán (¿cuáles serán?).

Cada liberal puede tener su principio. Cada liberal puede tener sus principios. Cada liberal debe sustituir principios equivocados por principios correctos, en la búsqueda de El Principio Liberal, el común denominador de todos los liberales.

Yo tengo el mío: “Respetando los derechos de los demás, haz lo que quieras”, lo cual quiere decir que lo único que se debe prohibir es violar los derechos de los demás, y que lo único que debe castigarse es su violación. El liberalismo, más que una ideología, más que una idea preconcebida de cómo debe organizarse la sociedad, y por lo tanto de cómo deben actuar las personas para conseguir esa organización, es un principio: “Respetando los derechos de los demás, haz lo que quieras”.

Reyes Heroles hace referencia a lo que califica como el viejo principio liberal: “A los ciudadanos les está permitido todo lo que no les está prohibido”, principio al cual podríamos agregar el que, desde el punto de vista liberal, puede ser considerado como su complemento lógico: “A los gobernantes les está prohibido todo lo que no les está permitido”.

Desde la perspectiva del “viejo principio liberal” los ciudadanos pueden (más no deben), hacer todo lo que no les está prohibido, mientras que los gobernantes deben (lo cual supone que pueden), hacer solamente lo que les está permitido. Prohibido a los ciudadanos, permitido a los gobernantes, ¿por qué? Por la ley, de tal manera que ambos grupos, ciudadanos y gobernantes, están regidos por la ley, regencia de la ley que es otro de los posibles principios liberales: “Lo propio del ser humano es estar gobernado por leyes, no por hombres”, por más que sean los hombres quienes hagan las leyes.

Este principio debe corregirse para que quede así: “Lo propio del ser humano es estar gobernado por leyes justas, no por hombres”, siendo tales las que reconocen plenamente, definen puntualmente y garantizan jurídicamente los derechos de las personas, desde los naturales, con los que la persona es concebida, hasta los contractuales, que la persona adquiere voluntariamente por así haberlo acordado con alguien más.

Hay leyes injustas, que prohíben lo que no deberían prohibir, y permiten lo que no deberían permitir. En las leyes injustas encuentro el problema con el viejo principio liberal apuntado por Reyes Heroles, y lo encuentro por la siguiente pregunta: y si lo que se prohíbe no debe prohibirse porque la conducta prohibida no viola derechos de terceros, ¿es justo? Solo porque una conducta está prohibida, ¿debe obedecerse la prohibición? La respuesta afirmativa, ¿es acorde al liberalismo? Para responder recordemos mi principio: “Respetando los derechos de los demás, haz lo que quieras”.

La afirmación “a los ciudadanos nos está permitido todo lo que no está prohibido”, no es propia del liberalismo, sino del positivismo jurídico que, entre otras cosas, identifica legalidad con justicia, identificación que ningún liberal debe aceptar. Una cosa es la justicia, y otra la ley, distinción que explica el que haya leyes injustas que, entre otras cosas, prohíben conductas que no debería prohibir, prohibición que ningún liberal debe aceptar.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.