junio 18, 2024

EMPREFINANZAS

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El punto sobre la i

Arturo Damm

Casi todas las políticas económicas que toman los gobiernos se ajustan al siguiente esquema: A y B se reúnen para decidir lo que C debe hacer por el bien de D.

Daniel Dorregaray

La frase de Dorregaray no solo se aplica a las políticas económicas, sino a la mayoría de las acciones del Estado Benefactor y el gobierno redistribuidor del ingreso, redistribución que, siendo la esencia del Estado Benefactor, implica que el gobierno (A), y sus compinches (B), quitándole parte de su ingreso a alguien (C), lo obligan a ayudar a alguien más (D), debiendo cuestionarse, no la ayuda, que siempre será meritoria, sino la obligación de ayudar, que nunca será aceptable. ¿Qué sucede en el caso de las políticas económicas? Para responder hay que tener claro en qué consisten.

Las políticas económicas consisten en los medios que usa el gobierno para modificar los resultados del mercado, siendo el mercado la relación de intercambio entre compradores y vendedores, siendo el resultado del mercado un bien común: bien porque ambas partes GANAN, común porque AMBAS partes ganan, dado que cada una valora más lo que recibe que lo que da a cambio.

Ejemplo de política económica es el control de precios, que son el resultado del acuerdo entre oferentes y demandantes, y que hacen posible el intercambio. Si el oferente y el demandante no se ponen de acuerdo en torno al precio, lo que sucede cuando el máximo precio que el demandante está dispuesto a pagar es menor el mínimo precio al cual el oferente está dispuesto a vender, no habrá intercambio, el demandante no se convertirá en comprador, el oferente no se convertirá en vendedor.

¿En qué cosiste el control de precios? En que el gobierno impone, o un precio máximo, por debajo del precio de mercado, el acordado entre el oferente y el demandante, con la intención de beneficiar al demandante, o un precio mínimo, por arriba del precio acordado entre el demandante y el oferente, el precio de mercado, con el propósito de favorecer al oferente. En cada caso beneficia a uno y perjudica a otros.

Con el precio máximo beneficia a algunos compradores pero, dado que genera escasez, perjudica a otros que, dispuestos a pagar ese precio, no encuentran oferta del producto. Además perjudica a los vendedores, que ahora venden a un precio menor, mismos que, o ven reducida su ganancia, o incurren en pérdidas, pudiendo llegar a la quiebra.

Con el precio mínimo beneficia a algunos vendedores pero, dado que genera sobreoferta, perjudica a otros que, dispuestos a vender ese precio, no encuentran demanda para el producto. Además perjudica a los compradores, que ahora compran a un precio mayor, compradores que, o ven reducido su excedente (la diferencia entre el máximo precio que están dispuestos a pagar y el que pagan), o se vuelve negativo, por lo que no compran.

Siempre que el gobierno pone en práctica una política económica, consistente en modificar los resultados del mercado, beneficia a unos y perjudica a otros, lo cual va en contra del principio que prescribe que la acción del gobierno debe ser neutral. En el caso de las políticas económicas nunca lo es, razón más que suficiente para que no las practique. Y, sin embargo, las practica.

¿Qué justificaría que el gobierno, por medio de sus políticas económicas, modificara los resultados del mercado? Que estos fueran, o ineficaces desde el punto de vista económico (que generen escasez o sobreoferta), o injustos desde el punto de vista ético (que violaran derechos de los agentes económicos), nada de lo cual sucede en el mercado, debiendo señalar que el resultado del mercado es eficaz porque es justo.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.