mayo 26, 2024

EMPREFINANZAS

ABRIENDO NUEVOS CAMINOS HACIA LA INFORMACION

El punto sobre la i

Arturo Damm

En una democracia cualquiera puede ser opción. Y, si la mayoría elige, la peor opción puede ganar.

Profesor Doval

Los dos principales inconvenientes, que pueden llegar a ser problemas graves, de la democracia, entendida y practicada, antes que de cualquier otra manera, como método para elegir gobernantes, son, el primero, que prácticamente cualquiera, cumpliendo con los requisitos de nacionalidad, edad, residencia y demás, puede ser candidato a puestos de elección popular, ya para el poder Ejecutivo, ya para el Legislativo, lo cual se le reconoce como un derecho y, el segundo, que prácticamente cualquiera, cumpliendo con los requisitos de nacionalidad y edad, puede ser elector de candidatos a puestos de elección popular, ya para el poder Legislativo, ya para el Ejecutivo, lo cual se le reconoce, también, como un derecho. Se trata de derechos ciudadanos, que una persona tiene por ser eso: ciudadano de un país, sin ninguna otra consideración.

Estos dos inconvenientes –cualquiera puede ser votado y cualquiera puede votar– parten del supuesto, irreal, de que todo ciudadano está capacitado para gobernar, ya sea desde el poder Ejecutivo, ya desde el Legislativo, y de que todo ciudadano está capacitado para elegir a quien pueda gobernar mejor, supuestos irreales. No todo ciudadano está capacitado para gobernar y no todo ciudadano está capacitado para elegir al mejor candidato. Puede haber, como de hecho hay, ignorancia en ambas partes.

Si lo anterior es así, y así es, ¿por qué no discriminar, tanto por el lado de los candidatos, como de los electores?, discriminación con la cual inició la democracia: al inicio solo podían votar los hombres, los propietarios, etc., criterios injustos para discriminar. ¿Cuál debe ser el único criterio para discriminar, tanto por el lado de los candidatos, como de los electores? El saber. Tiene derecho a ocupar un puesto el que sabe desempeñarlo correctamente. El que no, no. Tiene derecho a elegir el que sabe elegir correctamente. El que no, no.

El problema es que estas dos afirmaciones, (i) solo tiene derecho a ocupar un puesto el que sabe desempeñarlo correctamente, y (ii) solo tiene derecho a elegir el que sabe elegir correctamente, parecen antidemocráticas, como si la democracia, para realmente serlo, tuviera que ser universal. Esas afirmaciones, ¿son antidemocráticas? La respuesta depende de la definición de democracia. ¿Quién, para efectos del ejercicio de la democracia, es el pueblo (démos)? Todos o solo los que saben. Hoy la respuesta es todos, por lo que no se discrimina entre los que saben y los que no, reconociéndoseles a todos los mismos derechos, para votar y ser votados, lo cual es un error. Insisto en algo que resulta lógico: (i) tiene derecho a ocupar un puesto el que sabe desempeñarlo correctamente; quien no, no; (ii) tiene derecho a elegir el que sabe elegir correctamente; quien no, no.

Además de preguntarnos quién, para efectos del ejercicio de la democracia, es el pueblo (démos), debemos preguntarnos hasta dónde debe llegar su poder (krátos), de tal manera que las dos preguntas relevantes con relación a la democracia son: quién tiene el derecho a elegir y a ser electo, y hasta dónde debe llegar el poder de cada uno.

Democracia, ¿quién y para qué? ¿Quién? No todos. ¿Para qué? No para todo. Sin embargo hoy las respuestas son: el que sea y para lo que sea, respuestas que hacen de la democracia una amenaza para la vida, la libertad y la propiedad de las personas.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.