junio 22, 2024

EMPREFINANZAS

ABRIENDO NUEVOS CAMINOS HACIA LA INFORMACION

el punto sobre la i

Arturo Damm

El Estado es necesario como los semáforos en una ciudad. Necesario en tanto garantice un tránsito ordenado donde cada quien pueda llegar a su destino. Esa debe ser su estricta función. No sería correcto que los semáforos impongan la dirección o velocidad de los coches o de los peatones.

Alejandro F. Mercado

Con permiso del autor de la frase (es un decir), sustituyo Estado por gobierno, grupo de personas que tienen un triple poder: para prohibir, obligar y castigar, poderes que siempre usan para limitar la libertad individual y la propiedad privada, por lo cual debemos preguntarnos en qué casos se justifica que se limiten la libertad y la propiedad de las personas o, dicho de otra manera, cuáles son las legítimas tareas del gobierno.

La metáfora del semáforo ayuda a responder la pregunta: se justifica obligar, prohibir y castigar siempre y cuando el objetivo de esas obligaciones, prohibiciones y castigos sea hacer posible que cada uno intente llegar a su destino. ¿Qué debe exigirse de los demás para que cada uno procure lograr sus metas, trate de conseguir sus fines? Que respeten nuestros derechos a la libertad individual y a la propiedad privada, libertad que consiste en disponer de la propiedad de la manea que cada quien considere más adecuada, con un solo límite: que al hacerlo no violemos derechos de terceros.

Aceptado lo anterior el gobierno debe prohibir que se violen derechos, y castigar a quien los viole, para lo cual necesita recursos, por lo que debe cobrar impuestos, es decir, obligar a los ciudadanos a entregarle parte del producto de su trabajo, lo cual se justifica si se le quita, por el cobro de impuestos, lo mismo a todos (para que no haya redistribución del ingreso por el lado de los impuestos, quitándole más a unos y menos a otros), y si se le da, por el gasto gubernamental, lo mismo a todos (para que no haya redistribución del ingreso por el lado del gasto, dándole más a unos y menos a otros).

El gobierno debe obligar a los ciudadanos a que le entreguen parte del producto de su trabajo para poder prohibir, y hasta donde sea posible prevenir, que se violen derechos y para poder, en los casos en los que ni la prohibición ni la prevención dieron resultado, castigar al violador y, en los casos en los que sea factible, obligarlo a resarcir a la víctima.

El gobierno es necesario en tanto garantice un tránsito ordenado que permita que cada uno intente llegar a su destino, destino que es suyo, no porque le corresponda, sino porque lo eligió. Dicho de otra manera: el gobierno es necesario en tanto garantice que cada uno, respetando los derechos de los demás, pueda procurar el logro de sus metas, pueda tratar conseguir sus fines.

Tal y como los semáforos facilitan el tránsito de automovilistas y transeúntes, permitiéndole a cada uno avanzar ordenadamente hacia su destino, imponiéndole a todos las mismas reglas del juego (luz roja = todos se paran, luz verde = todos avanzan), y el mismo castigo en caso de no observarlas, el gobierno debe garantizar la convivencia civilizada, prohibiendo la violación de derechos (que uno le impida a otro, ya sea violando su libertad, ya su propiedad, intentar llegar a su destino), y castigando el violador, condiciones necesarias para la convivencia civilizada, que es la convivencia justa, justicia que, como virtud, consiste en el respeto a los derechos de los demás.

El problema es que el gobierno es el primero en violar los derechos de los ciudadanos, y no tanto por el lado de la libertad, sino de la propiedad, redistribuyendo el ingreso, el producto del trabajo de cada quien, en contra del derecho de cada cual al producto íntegro de su trabajo. El liberalismo, hoy, debe ser propietarismo.

Por eso, pongamos el punto sobre la i.