junio 22, 2024

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El sueño americano

Santos Mercado

Una vida sin sufrimiento y de gran comodidad, solo por vivir en los Estados Unidos de América… Todo esto es falso. Es una tergiversación de lo que es el verdadero sueño americano.

Se han hecho grandes esfuerzos por gente mal intencionada para distorsionar el denominado “sueño americano” (The American way of Life) congruente con los principios de la Declaración de Independencia de 1776. Periódicos, revistas, libros de texto, TV, radio y escuelas públicas no han desperdiciado ocasión para dar una visión distorsionada, todo con el fin de borrar de las mentes el verdadero significado de ese gran ideal que los padres de la patria americana trataron de imprimir en la conciencia de los ciudadanos.

El falso concepto del sueño americano lo pinta como el anhelo de tener casa propia, automóvil, refrigerador repleto de cervezas, un empleo seguro, jugosas jubilaciones gubernamentales, salud gratuita y financiada por el gobierno, educación pública gratuita. Una vida sin sufrimiento y de gran comodidad, solo por vivir en los Estados Unidos de América. Todo esto es falso. Es una tergiversación de lo que es el verdadero sueño americano.

Thomas Jefferson, fundador de la Patria Americana, soñaba con formar ciudadanos capaces de tomar decisiones y asumir los riesgos. Decisiones para fundar empresas de todo tipo. Que fueran ciudadanos capaces de detectar las necesidades, gustos, preferencias o caprichos del prójimo; si los veía descalzos que pusieran una fábrica de calzado; si necesitaban pantalones, vestidos o calzones, fundarían una empresa de ropa; si veía enfermos, fundaran un hospital; si detectaba analfabetos, que fundaran una escuela; si había emprendedores necesitados de financiamiento, fundaran un banco, etc. Tomar decisiones, arriesgarse usando sus propios recursos o con créditos bancarios. Y si fracasaban, se levantaran una y otra vez hasta lograr el éxito de sus negocios.

Jefferson quería ciudadanos que aprendieran a ahorrar para hacerse cargo de su vejez y no estuvieran atenidos a la ayuda gubernamental o a los hijos. Jóvenes que despertaran su interés por la ciencia, la medicina, las matemáticas, etc. Mujeres que no se sintieran inferiores a los hombres pues pueden desarrollar cualquier actividad y destacar en ciencia sin que les estorbe la condición del sexo femenino.

Thomas Jefferson quería hombres que se sintieran libres de hablar, escribir, discutir y analizar ideas para que no fueran esclavos de mitos y fantasías. Todo lo que pedía de cada ciudadano se refería al respeto por el prójimo, conducirse bajo tres principios: no matar, no robar y no cometer fraudes. En esto estriba el concepto de libertad de Thomas Jefferson. Un concepto por demás preciso y fácil de entender por cualquier hombre de buena voluntad.

En el tema político, Jefferson nunca pensó en gobiernos que agredieran a sus ciudadanos mediante impuestos, control y regulaciones, al contrario, quería gobernantes que impulsaran a sus ciudadanos a ser gente productiva, que los trabajadores entendieran el gran papel que jugaban para el desarrollo de las empresas, que comprendieran que impulsar a un negocio no solo beneficia al patrón y a los trabajadores, sino a toda la sociedad.

Los padres fundadores pensaban en una nación de hombres libres y responsables y así funcionaron por algo más de un siglo. Los frutos se vieron con la gran prosperidad que alcanzaron. Lograron crear la economía más rica del mundo.

Jefferson advertía de la necesidad de tener una vigilancia permanente para que no se destruyeran los principios de los fundadores. Seguramente la gente pensó que la prosperidad jamás se perdería. Dejaron crecer a sus gobiernos, se crearon dos, tres y más instituciones estatales, subieron los impuestos y se fue borrando el genuino American way of life.

Por pluralidad y libertad de pensamiento admitieron a los marxistas en las universidades, escuelas y medios de comunicación. Poco se preocuparon por refutar mentiras y falsedades, y así pervirtieron a las mentes verdes creando otro “sueño americano”. El sueño de la vida fácil, abundante en bienes materiales, en educación gratuita, salud gratuita y vejez con pensiones gubernamentales financiadas con impuestos. Visto así, argumentaban que también se podía conseguir mediante rutas socialistas. Todo un plan para destruir el verdadero SUEÑO AMERICANO.

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