mayo 24, 2024

EMPREFINANZAS

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El gran redescubrimiento de América

Ricardo Valenzuela

El odio enfermizo que despertó Trump por toda América Latina, tal vez lo pueda entender. Pero, lo que no entiendo y nunca voy a entender, es el romance igualmente enfermizo que tienen los latinoamericanos con un hombre mediocre y corrupto como Biden.

Pensé mucho antes de iniciar esta nota, porque sé es probable que ofenda más gente que la cuota que automáticamente tengo asignada para mis nuevos odiadores. Pero no me puedo callar ni contener al atestiguar las situaciones tan inverosímiles y dramáticas que han provocado los acontecimientos sucediendo en todos nuestros entornos, que a veces me hacen sentir que estoy en uno de aquellos fumaderos de opio tan populares en la conquista del salvaje oeste, importados por los chinos en el siglo 19. Lo que ha sucedido y lo que va a suceder en EU, es solo un preludio de, como expresara un analista, los miles de años de penurias que le esperan a la humanidad. La condena infernal de un grupo diabólico y muchos de nosotros todavía les aplaudimos.

A quienes nos ha tocado vivir de cerca la operación de estos entes del demonio, nos horroriza lo que sabemos nos espera en un futuro cercano y la gente no tiene la menor idea. Pero, es bien sabido que hay pueblos que pueden perder su libertad y no darse cuenta durante los siguientes cien años. Yo he cosechado muchas enemistades solo por haber apoyado a Trump y, de alguna forma, lo entiendo, porque los mexicanos y latinoamericanos, en general somos superficiales hasta el punto de caer en la ignorancia. Y la ignorancia más dolorosa no es el no saber, sino el no querer saber y así navegamos por la vida inmersos en la oscuridad o, más grave, rebozando de conocimientos equivocados que nos lleva a establecer conductas ridículas.

Y, si somos portadores, ya sea de la ignorancia o de una realidad equivocada, los resultados de nuestras acciones serán acordes y es cuando pasamos a culpar al destino, la suerte y, más grave, fácilmente aceptamos nuestro valle de lágrimas porque equivocadamente decidimos que nuestro destino y futuro está decidido desde que nacemos. Y es que nunca aprendimos que nosotros somos los responsables de nuestras vidas, de nuestros destinos. Y ante semejante cuadro, necesitamos un demonio para descargar nuestras frustraciones, nuestros sufrimientos y nos convertimos en tiradores de culpa profesionales. Pero, también necesitamos esfinges que nos protejan, que nos consuelen, nos den esperanza, y es como nacen santidades como la de Hugo Chávez en Venezuela, Malverde en México, Pablo Escobar en Colombia donde lo veneran y le fabrican templos.

El odio enfermizo que despertó Trump por toda América Latina, tal vez lo pueda entender, pero nunca justificar, así como entiendo la devoción a los santos o la adoración que en México tenemos de San Juan Diego. Pero, lo que no entiendo y nunca voy a entender, es el romance igualmente enfermizo que tienen los latinoamericanos con un hombre como Biden. Un mediocre que había intentado ser candidato 3 veces y había fracasado puesto que le exhibieron sus conductas. Un hombre corrupto hasta más no poder y todavía con descaro ha presumido de sus corrupciones en TV en vivo. Y, lo más grave, es un monigote de esas fuerzas diabólicas que quieren instalar el marxismo a nivel mundial y, Biden, sin ser marxista, haciendo a un lado la dignidad aceptó jugar ese papel.

Y cuando me resisto a creer que un mediocre sea presidente de EUA, es cuando me acuerdo de la cinta mexicana La Ley de Herodes, cuando, habiendo fallecido un alcalde, le presentaban candidatos al ministro que, a pesar de sus impresionantes antecedentes que recitaba su asistente, los rechazaba. Hasta que el asistente toma uno de los expedientes y, sin describir sus habilidades, lo desecha afirmando, este no. El ministro molesto le pregunta ¿ese por qué no? Le responde el ayudante, porque este es muy pendejo señor ministro. El ministro eufórico grita, “éste es el que necesitamos”. Porque su plan era seguir saqueando a ese municipio.

Y, todavía más patético, todas esas odas y porras celebrando la elección de Biden, las apuntaron al blanco equivocado porque él no ganó la elección, la ganaron China, Alemania, Venezuela y, sobre todo, la ganó el Estado Profundo. La Ciudad de Londres, como se conoce a una zona en el centro de la capital británica, el Vaticano y la novedad que apenas están conociendo los americanos, al igual que las anteriores, Washington es una corporación privada cuyos dueños son extranjeros y no forma parte de los EU. Es decir, la Ciudad de Londres Corporation, el Vaticano y la ciudad-estado de Washington son tres entidades autónomas e independientes de los países en donde se ubican y controlan el mundo.

Pero ¿los porristas de Biden estaban enterados de esto? Por supuesto que no. ¿No saben que Biden es un títere para divertir a la plebe, es el payaso del circo? Pero ¿Y las noticias? La media internacional controlada por el EP —a su vez dueño de las tres ciudades— es la responsable de esa ignorancia global y ellos son los que controlan los hilos de información de los títeres del mundo. Y el enemigo más grande y odiado que tienen se llama Donald Trump, y en eso coinciden con los porristas. Yo preguntaría a todos esos odiadores de Trump ¿Por qué casi 80 millones de americanos votaron por él? Y fueron votos de las clases populares. Todos aquellos que habían perdido sus empleos cuando las empresas emigraron a China, hoy consentida del EP. Pero, no, no lo saben y no lo quieren saber porque es más fácil odiar a Trump que enfrentar la realidad que luce espeluznante.

Es decir, el gobierno que ha estado a cargo de EUA es un gobierno ilegítimo operando en territorio extranjero puesto que, el Estado de Columbia, en 1871 fue vendido a una empresa privada con financiamiento del Vaticano y los Rothschild, y ellos son los que han estado manejando el país, lo mismo que hacen con Canadá, Australia, Nueva Zelanda, que todos son subsidiarias de algo que llaman La Corona. Y, de repente surge el problema más grave que pudieran enfrentar. Trump, en 2018 activó una Orden Ejecutiva definiendo que, cualquier país extranjero que interviniera en elecciones de EUA, sería declarado como traidor, sus acciones declaradas nulas, y se les expropiarían todos sus activos. Es decir, Biden es presidente de una empresa que, con la expropiación de sus activos, está en la bancarrota y se ocupa firmando papeles en blanco.

Pero ¿los porristas mexicanos estaban enterados de este pequeño contratiempo? No, y ahora pasan a formar parte del club de admiradores de la Trigarante entidad que representan La Ciudad de Londres, el Vaticano, y Washington Corporation. Todos los activos ubicados en esa ciudad-estado llamada Washington Corporation serán incautados puesto que no es posible que el presidente de EUA opere desde una zona extranjera. Y, como el Vaticano no da paso sin huarache, le tocaron todas las regiones del este de Columbia que se conocen como los nuevos Estados Papales y también serán incautados.

Estoy seguro pensarán que para producir la nota fui a uno de esos fumadores de opio. Pero, querámoslo o no, esta es la realidad de la parte del iceberg que permanece oculta. Una realidad que ya ha provocado la caída de gobiernos como el de Italia, Merkel en Alemania, el de Polonia y el gran nerviosismo de China.

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