mayo 26, 2024

EMPREFINANZAS

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López Obrador contra Joe Biden

Víctor Hugo Becerra

Tal vez le funcione a López Obrador, durante algún tiempo, su actitud díscola y hasta arrogante respecto a Biden. Pero inevitablemente las agendas de ambas administraciones colisionará.

Como si no le bastaran los “adversarios” internos que todas las mañanas se crea o se inventa, todo parece indicar que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, está buscando un problema con el nuevo gobierno de EEUU, una vez que dejó la Presidencia estadounidense su aliado, Donald Trump. ¿Con qué objeto?

Las señales de incivilidad por parte de López Obrador contra el nuevo gobierno de Joe Biden iniciaron desde su negativa a felicitarlo la mañana del 4 de noviembre, tras las tendencias que lo mostraban como el ganador de la contienda presidencial en EEUU, y continuaron con su anuncio de violar el T-MEC en aspectos claves como la existencia de autoridades regulatorias independientes y la preferencia a las empresas públicas mexicanas, por sobre las empresas privadas de EEUU. Pasando además por la nueva regulación sobre la presencia de agentes estadounidenses en México y hasta los constantes y excesivos elogios a Trump, incluso éste ya fuera de poder e inclusive en la única conversación que han sostenido Biden y López Obrador en estas semanas, el pasado mes de diciembre.

Al respecto, López Obrador fue uno de los últimos mandatarios en reconocer a Biden como presidente electo de los EEUU, haciendo hincapié en que esperaría a que se resolvieran los asuntos legales de la elección para felicitarlo. Lo que obligó a que la tradicional reunión entre el presidente electo de EEUU y el presidente de México en funciones, o al revés, no tuviera lugar por esta ocasión.

Mucho se ha especulado sobre los motivos detrás de la actitud hostil de López Obrador, desde la supuesta creencia de López Obrador de que Biden cuenta con datos sobre su involucramiento con el crimen organizado, hasta la necesidad de revivir el discurso patriotero en contra de los “gringos” a fin de ir ganando votos hacia las importantes elecciones legislativas intermedias en México, dentro casi 5 meses.

Quizá. Pero desde mi punto de vista, es sólo una estrategia amenazante para prevenir que Biden se inmiscuya en los asuntos de México, que tarde o temprano involucrarían a decisiones importantes del propio gobierno de López Obrador. Es, para decirlo de manera gráfica, la estrategia del “perro que ladra… no muerde”.

La agenda de Joe Biden tiene toda la pinta de que, tarde o temprano, colisionará con las políticas de López Obrador, desde la importancia estratégica que Biden concede a las energías limpias, hasta el cumplimiento del T-MEC y los intereses de los sindicatos estadounidenses, clientela natural del Partido Demócrata, y las empresas privadas de EEUU con presencia en México.

A ello sumemos algo que dije aquí hace seis meses: “Probablemente no sea irreal (…) esperar que el acento que Biden ponga en su relación con México sea sobre los temas políticos de la agenda demócrata, tales como derechos humanos y democracia, y no sobre comercio o inmigración, a diferencia de Trump”.

“Así que en vista de los malos resultados para México en los temas preferidos por Trump, y en cambio, las crecientes intolerancia y concentración de poder de López Obrador en México, quizá lo mejor para la oposición mexicana sea un posible triunfo de Biden. Tal vez (…) Biden terminaría siendo un mejor contrapeso al cada día mayor autoritarismo y las ínfulas dictatoriales de López Obrador, que ahora se siente respaldado por el matón del vecindario”.

Así, pues, está la cosa. Tal vez le funcione a López Obrador, durante algún tiempo, su actitud díscola y hasta arrogante respecto a Biden. Pero inevitablemente las agendas de ambas administraciones colisionará. Entonces veremos que entra en juego la real politik, con no muy buenas expectativas para el gobierno mexicano, que por ahora se beneficiará, sin haber puesto un solo peso de voluntad política, en las primeras decisiones de Biden, respecto a migración y su programa de recuperación económica. Veremos en unos meses pues cómo se completa la secuencia de la frase de “perro que ladra…”.

• México – Estados Unidos • “4ta transformación”