febrero 25, 2024

EMPREFINANZAS

ABRIENDO NUEVOS CAMINOS HACIA LA INFORMACION

La sociedad sin valores

Ricardo Valenzuela

Cuando no tenemos claro lo qué es bueno o malo y creemos todo es relativo, emerge un caos ideológico que provoca una gradual desintegración de la fábrica moral de la sociedad.

Hace unos meses, el fiscal general de la nación, Robert Barr, dictaba una inspiradora charla en la Universidad de Notre Dame afirmando que la sociedad estaba perdiendo los valores y la moral. Continuaba luego diciendo que, esa gran pérdida, estaba provocando un peligroso declive del país viajando una ruta similar a la que había llevado al Imperio Romano a la destrucción, no por sus enemigos foráneos, sino por la fuerza intestina de una sociedad decadente que lo estaba demoliendo desde su interior. Pero, la paradoja de su mensaje es que hace unos días, el fiscal fue forzado a renunciar cuando se dio a conocer la relación de jugosos negocios que mantenía con los dueños de la empresa responsable de procesar los votos en la elección, Dominon, que le habían producido millones de dólares. Pregunto ¿Cómo es posible que Barr no rebelara esa relación y, sobre todo, no se excusara de la investigación?

Esto es solo una muestra de lo que el fiscal había afirmado solo unos meses antes, el declive de los EU catapultado por la degradación o desaparición de sus valores morales. Una degradación que ha llevado a ejecutar el ofensivo fraude en esta elección que llega a los niveles de países latinoamericanos. Una putrefacción que provocara en México que un candidato a presidente eligiera para su campaña la frase de batalla; “La solución somos todos”, pero, el sufrido pueblo de inmediato la modificara notificando la realidad del país en; “La corrupción somos todos”.

En EU esta evolución ha sido dramática y lo podemos ver con claridad haciendo algunas comparaciones. En 1974, Richard Nixon, en acuerdo republicanos y demócratas, fue expulsado de la presidencia por haber tratado de espiar en las oficinas de campaña del candidato demócrata. Pero, en 2016, los demócratas, utilizando el FBI, CIA, NSA y el departamento de Justicia, ubicaron micrófonos para espiar en las oficinas de campaña de Trump. Compraron un expediente falso que, según ellos, mostraba Trump era agente de Rusia y habían robado la elección. Seguirían investigaciones que solo le robara el tiempo, un intento de desaforo cuajado de mentiras, traiciones, perjurios. Y pregunto ¿Cuántos participantes en esos crímenes han enfrentado la justicia?   

En 1973, el vicepresidente, Spiro Agnew, fue forzado a renunciar cuando se descubriera haber recibido un pago de $10,000 de parte de un contratista años atrás. Pero, en 8 años de la vicepresidencia de Joe Biden, surgió una interminable lista de negocios ilegales que él mismo liderara. Un contrato de billones de dólares para la construcción de casas en Irak para su hermano que nunca había construido nada. Su hijo Hunter recibía $1.5 billones de dólares del Banco de China para invertir. El mismo Hunter formaba parte del consejo de una empresa controlada por la mafia en Ucrania y, cuando se iniciara una investigación, Biden chantajeaba al gobierno y despidieran al fiscal que lo investigaba, etc. Pregunto ¿Cuántos de estos criminales han enfrentado la justicia?   

También pregunto ¿por qué hombres y mujeres de letras, intelectuales, periodistas, han llegado a odiar la libertad de EU que llegó con los pioneros? ¿Por qué a pesar de los fracasos socialistas estas continúan ejerciendo tanta influencia? Pienso que la respuesta es que no existe una clara filosofía de la libertad, del capitalismo. No me refiero a los usurpadores, ellos saben bien lo que quieren, me refiero al hombre olvidado que rescató Trump. “El capitalismo ocurre de forma natural solo si no hay nada que lo detenga. El socialismo tiene que ser construido”. Y, si no conocemos el capitalismo, no sabremos cómo defenderlo.

A diferencia del socialismo, el capitalismo es lo que ocurre en ausencia de una planeación central manipulada. Cuando los pioneros llegaron a EU, no arribaron con una receta obligatoria emitida por alguna Agencia gubernamental; ellos se dedicaron a lo que querían hacer y era natural: Trabajaron, sembraron, cosecharon, compraron, vendieron, intercambiaron. Eso era capitalismo, pero nunca se enteraron considerándolo como algo normal en una sociedad libre. Esos peregrinos no eran ideólogos; solo hacían lo que funcionaba, producía y no se preocupaban por alguna etiqueta filosófica.

Y en cierto sentido esto fue una bendición. Pero también ha sido una debilidad porque sin una filosofía racional que lo distinga, el capitalismo es vulnerable a los ataques de cualquier desarrapado y programado— exponiendo sus envidias, sus frustraciones y, sobre todo, sus diabólicas soluciones. Y ellos tienen influencia, no porque tengan la razón, sino porque no tenemos una filosofía del capitalismo ampliamente reconocida con la cual debemos combatirlos. Sin principios perderemos el juego, porque una mala idea solo se puede derrotar con una mucho mejor. Lo que nos hace falta son Los Principios morales y naturales.

Sin principios ¿Cómo podemos distinguir lo bueno de lo malo, lo que está bien de lo que está mal? ¿Podemos asumir que si es legal está bien? La esclavitud era legal. ¿Podemos asumir que algo es lo correcto si está avalado por la mayoría? Una mayoría condenó a Cristo a la cruz. ¿Puede entonces algo ser correcto si se ha concebido a través de un proceso legislativo? Hitler fue elegido de esa manera. Entonces ¿Por qué no acudimos a la Constitución? Pero la Constitución puede enmendarse por el mismo rugido de la multitud enardecida. Qué tal ¿El mayor bienestar para el mayor número de gente?

En una sociedad sin libertad no hay justicia y nada se puede construir. Entonces ¿Quién definirá lo que es el mayor bienestar? ¿El robar a unos para darles a otros, es eso lograr mayor bienestar? ¿Cómo definir lo que es correcto y lo que no lo es? ¿Tiraremos una moneda el aire? Esto es lo que sucede en una sociedad de política patriarcal. Cualquier cosa es buena si hay suficiente gente que lo quiera. Cuando un agricultor roba la tierra de su vecino lo llamamos así, “robo”; pero si el estado lo hace por él, lo llamamos reforma agraria. Cuando los políticos toman la riqueza de un hombre que ha sudado para construirla, se les considera “compasivos”; pero al hombre que la produce lo llamamos materialista. Si una mayoría viola los derechos de un individuo lo llamamos injusticia; pero “si se ha llevado a una votación fraudulenta, lo llamamos democracia”.   

Cuando no tenemos claro lo qué es bueno o malo y creemos todo es relativo, emerge un caos ideológico que provoca una gradual desintegración de la fábrica moral de la sociedad. Entonces ¿Qué necesitamos? Necesitamos principios. Los principios no son legislados, copiados, inventados. Tampoco son ocurrencias. Son descubiertos. Los diez mandamientos no fueron producto de un proceso de legislación. Los tres principios básicos de una sociedad libre son individualismo, propiedad privada y libertad económica que es la base de los mercados sean libres. “Cualquier posición que no esté basada en la primacía de los derechos individuales, sino en la inmoralidad de una tribu capaz de robar el mandato de la gente y destruir esos derechos, está condenada al fracaso”.

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