julio 18, 2024

EMPREFINANZAS

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El punto sobre la i

Arturo Damm

La empresa gubernamental nunca sustituirá, con la misma eficacia, a la privada. ¿Por qué? Por la falta de definición puntual del derecho de propiedad. Las empresas gubernamentales tienen administradores, no dueños. Eso hace una diferencia enorme en la manera de administrar.

Othmar K. Amagi

La mayoría de los bienes y servicios que necesitamos para satisfacer nuestras necesidades tienen que producirse. La lógica económica demuestra, y la historia económica muestra, que la organización más eficaz para lograr la mejor producción y oferta de bienes y servicios (tanto en cantidad, como en calidad, como en variedad), es la empresa privada, no la gubernamental.

La razón es que, como lo apunta Amagi, las empresas del gobierno tienen administradores, no dueños, y esa, la propiedad privada de los medios de producción, es una de las condiciones necesarias para la mejor administración posible. Si un empresario privado (y por él entiendo, en este contexto, al dueño de los medios de producción), gestiona mal SU empresa, y la quiebra, él sufre un quebranto patrimonial. En cambio, si un administrador gubernamental (y por él entiendo, en este contexto, a quien no es dueño de los medios de producción), dirige mal LA empresa y la quiebra, él no sufre un quebranto patrimonial. ¿De qué se trata? De un hecho innegable: uno cuida más (administra mejor) lo que es de uno que lo que es de otro o no es de alguien. Lo privado genera mejores incentivos para su ciudadano que lo colectivo, lo público, lo gubernamental (siendo distinto lo gubernamental, lo público y lo colectivo).

Hay quienes creen que la empresa gubernamental puede sustituir con éxito a la empresa privada y obtener los mismos resultados, ¡o inclusive mejores!, en cuanto a cantidad, calidad y variedad de lo producido y, por ello, en cuanto al beneficio obtenido por los consumidores, lo cual es poco probable, y no solo por la razón expresada en el párrafo anterior, sino por la diferencia entre quien es un empresario y quien solamente es un administrador, por más bueno que sea.

La esencia de la empresarialidad cosiste en inventar mejores maneras de satisfacer las necesidades del consumidor, es decir, en inventar, producir y ofrecer mejores bienes y servicios, capaces de satisfacer de mejor manera las necesidades de los consumidores y, ¡muy importante!, inventarlos, producirlos, ofrecerlos y venderlos con afán de lucro, con la intención, no solo de obtener utilidades, sino de maximizarlas, de ganar lo más posible, lo cual quiere decir “hasta donde los consumidores lo permitan”.

Por lo general las empresas del gobierno no son administradas con afán de lucro, mucho menos con la intención de maximizar utilidades, de la misma manera que, en casi todos los casos, sus administradores no inventan mejores bienes y servicios, no inventan mejores maneras de satisfacer las necesidades de los consumidores, lo cual se debe a que, en la mayoría de los casos, se trata de monopolios, de empresas al margen de la competencia y, para colmo de males, muchas veces en sectores estratégicos de la economía que, precisamente por serlo, deben estar sujetos a la disciplina de la competencia.

La lógica económica demuestra, y la historia económica muestra, que la organización más eficaz para satisfacer mejor las necesidades de los consumidores es la empresa privada, no la gubernamental, pese a lo cual todavía hay muchos que defienden a la segunda y vituperan a la primera.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.