julio 18, 2024

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El dogma de fe neoliberal

Arturo Damm

¡Qué gran Papa sería Francisco si, en materia de economía, fuera sensato!

Confieso que soy católico, apostólico, romano, creyente y practicante, para que no se piense que la siguiente crítica es producto de una postura anticlerical. No, no lo es. Es producto de la lógica económica, que nos permite saber qué es lo que funciona, y qué no, para lograr progreso económico, definido como la capacidad para producir más (dimensión cuantitativa) y mejores (dimensión cualitativa) bienes y servicios, para un mayor número de gente (dimensión social), teniendo en cuenta que el bienestar de la gente depende de la cantidad, calidad y variedad de los bienes y servicios de los que dispone.

En su última encíclica, Fratelli tutti, Todos hermanos, el Papa Francisco llama a romper “con el dogma de fe neoliberal”, llamado que debe llevarnos a responder la pregunta ¿qué es el neoliberalismo? En materia económica, y al neoliberalismo se le asocia básicamente con la economía, el neoliberalismo consiste en lo que se conoce como el Consenso de Washington, una “receta” que contiene los diez “ingredientes” necesarios para lograr el mayor progreso económico posible.

Este es el decálogo: 1) Disciplina fiscal, para evitar el déficit; 2) Reordenación del gasto gubernamental, para evitar despilfarros; 3) Reforma tributaria, para reducir impuestos y aumentar la recaudación (curva de Laffer); 4) Liberalización de tasas de interés, para que se fijen en el mercado; 5) Liberalización del tipo de cambio, para que también se fije en el mercado; 6) Liberalización del comercio exterior, para aumentar importaciones y exportaciones; 7) Liberalización de la inversión extranjera directa, para que se produzcan más bienes y servicios, se creen más empleos y se generen más ingresos; 8) Privatización de empresas gubernamentales, para que el gobierno no actúe como empresario, lo que por lo general hace mal; 9) Desregulación, para agilizar la actividad económica de los particulares; 10) Reconocimiento pleno, definición puntual y garantía jurídicamente de los derechos de propiedad privada, comenzando por los de los medios de producción, condición necesaria para hacer valer, en el ámbito de la economía, el Estado de Derecho, definido como el gobierno de las leyes justas.

Cada uno de estos puntos puede justificarse lógicamente. Cada uno puede explicarse racionalmente, por lo cual distan mucho de ser dogmas de fe. De la misma manera cada una de las antítesis puede refutarse racionalmente.

Si por “dogma de fe neoliberal” entendemos el Consenso de Washington, y si por “romperlo” entendemos sustituirlo por su antítesis, desde indisciplina fiscal hasta Estado de chueco, ese rompimiento sería un grave error. Al contrario: hay que avanzar en su implementación, porque falta mucho por hacer.

¡Qué gran Papa sería Francisco si, en materia de economía, fuera sensato!

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