julio 23, 2024

EMPREFINANZAS

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El debate de la vegüenza


Ricardo Valenzuela

Al final del día, aun con la vergonzosa conducta de Wallace tratando de emboscarlo, Trump salió favorecido con este debate.

Finalmente se llevó a cabo el esperado primer debate entre los dos candidatos a la presidencia de EU que, representando dos visiones tan diferentes, prometía ser un evento de gran trascendencia. Dos hombres totalmente disímiles uno representando la burocracia rancia del país, el otro representando a los emprendedores responsables de construir la riqueza de la nación. Un encuentro que, para tener alguna referencia, tendríamos que acudir a la historia política de la nación para encontrar tal contraste solo en los enfrentamientos entre Jefferson y Hamilton a principios del siglo 19. Aunque las diferencias entre John Quincy Adams y Andrew Jackson, también podría ser un buen ejemplo de esas grandes diferencias y sus resultados, Jefferson destruiría a Hamilton y Jackson haría lo mismo con Adams.

Sin embargo, lo que presenciamos la semana pasada pasará a la historia como una de las vergüenzas más grandes que, sin lugar a dudas, lo podemos definir como un verdadero fiasco y un fracaso, pero no atribuible a los contendientes que se enfrentaban, sino a quien tuvo más protagonismo que ellos, el supuesto coordinador, Chris Wallace. Es verdaderamente increíble que, en un evento de esta magnitud, quien debería haber hecho lo que era su obligación, coordinar, mediar, dirigir con profesionalismo y, sobre todo con ética, tuviéramos que ser testigos de una parcialidad descarada y total tratando de favorecer a uno de los participantes ante millones de ciudadanos que lo seguían en TV, para, durante su transcurso, a través de las redes sociales manifestar agresivamente su descontento.

Lo que atestiguamos fue tan ridículo que, a cierto punto de su desarrollo, llegaban a mi mente escenas de una pelea de box en la cual, uno de los gladiadores convertía a su oponente en su personal (punching bag) cuando, inesperadamente aparece una mujer que, con gran agilidad se montaba en el ring, se quitaba uno de sus zapatos y con ese instrumento de guerra empieza a golpear por la espalda al abusón que golpeaba sin consideración a su oponente y, oh sorpresa, la mujer era la madre del que sufría la paliza. Luego me invadía otra imagen. En esta se enfrentaban dos combatientes en una pelea de artes marciales mixtas. Se repetía la escena cuando uno de ellos golpeaba al otro sin misericordia. En cierto momento, el réferi, invadido por la rabia, la descargaba contra el abusón que ganaba el encuentro.

Conociendo la perversidad de los demócratas, yo esperaba que intentaran algo más común en estos encuentros. Antonio Magdaleno, en un encuentro contra ese gran peleador que fue Miguel Cotto, hizo que las vendas de sus manos fueran cubiertas con yeso y casi mata a su oponente. O, algo como lo sucedido en una de las peleas de Sony Liston contra Mohamed Alí en la cual, cuando Liston se daba cuenta que perdería, le pondrían una rara substancia en el exterior de sus guantes que casi deja ciego a su retador. Pero, lo que nunca imaginé, es que Donald Trump tuviera que debatir con dos, Biden y Wallace, en un encuentro que se asemejaba a las peleas en Las Vegas arregladas por la mafia a favor de uno, apostar en su contra y ganar millones. Pero, lo que vimos anoche, es solo el preludio de lo que será la elección que la mafia del EP, en estos momentos ya está arreglando que, insisto, puede provocar una guerra civil.

La conducta de Wallace no solo fue deplorable, fue tan descarada que hasta el mismo presidente se lo diría: “Estoy debatiendo contra los dos, pero no importa” y, a medida que avanzaba el programa, a la misma velocidad crecía el descaro de este hombre. Fue tal que, de forma grosera interrumpió al presidente casi 80 veces, pero nunca lo hizo con Biden. Sabíamos que de Wallace no podíamos esperar imparcialidad, pero, en esta ocasión, con su conducta, realmente provocó que el debate se convirtiera en un número de circo barato y, lo más detestable, asumiendo esa conducta de protección personal de Biden, para que el pobre hombre luciera así, como alguien que necesitaba esa protección y su mamá no estaba para subir al ring.

Ahora pregunto ¿Por qué Wallace haría algo así? Porque es un periodista con cierto prestigio y, sobre todo, hijo de una leyenda del periodismo como fue su padre Mike Wallace. Porque no solo favoreció a Biden de forma descarada, también dio pasos prohibidos al tratar al presidente con una falta total de respeto intentando sacarlo de sus casillas, que lo delata como miembro de los “Odiadores de Trump” encabezados por Romney y Dick Cheney, y seguramente infectado por el otro fatal virus DTS. Su actitud también provocaría que, en un momento, Biden se envalentonara para hacer algo nunca visto, insultar al presidente en su cara llamándolo mentiroso, payaso, inepto, algo que el protocolo, las buenas formas de caballerosidad, la calidad humana de los participantes, no lo permite. Y, un subproducto de este fiasco fue que la gente concentrara su atención en Wallace ignorando a los candidatos debatientes.

También, el resultado de esta obra barata imitación de un debate político, se puede medir con lo que arrojara la encuesta de Telemundo post debate en la cual dieran como ganador a Trump con un 60%. Y éste no es precisamente un potrero propiedad del presidente ni de los republicanos y, tampoco es el héroe de sus periodistas que no esconden su odio contra él. El haber provocado esta cena de apaches embrutecidos con bacanora, Wallace, con toda premeditación, ignoró los temas que más interesan a los votantes. Su conducta, de forma clara fue una estrategia para que Trump no pudiera utilizar sus armas y propinar una paliza a un Biden que es la vulnerabilidad en acción con su frondoso expediente de corrupción. Un Biden que temeroso de esa posibilidad acudiera a los insultos como su arma.

Y, me parece que esa fue la asignatura de Wallace, no permitir que el presidente desenfundara la corrupción de Biden, su hipocresía, que los vaqueros describirían como lomo de liebre que se mueve para todos lados, asumiendo el plan marxista de su partido cuando siempre se definiera como como un político moderado. Tampoco le permitió tocar temas tan delicados como sus negocios y los de su hijo Hunter con el gran enemigo de EU, China comunista. Así, la gente no se enteró de los $1.6 billones de dólares que el Banco de China le entregara a Hunter para comprar negocios en EU. Tampoco de su sociedad con la empresa petrolera más corrupta de Ucrania donde su hijo fuera miembro del consejo. La forma en que, cuando el procurador de ese país anunciara el inicio de la investigación de su hijo, condicionara la entrega de $1 billón de dólares de ayuda, al despido del procurador que de inmediato fue cesado. Los billonarios contratos para su hermano en Irak.

Pero como dicen los americanos, al final del día, aun con la vergonzosa conducta de Wallace tratando de emboscarlo, Trump sale favorecido con este debate. Entonces, el EP debe estar ya activando su plan de contingencia y preparando a sus huestes para la guerra.

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