abril 21, 2024

EMPREFINANZAS

ABRIENDO NUEVOS CAMINOS HACIA LA INFORMACION

El punto sobre la i: Ian Vásquez

Arturo Damm

El liberal cree en el mercado, no tanto porque sea eficiente y genere riqueza, sino porque es moralmente superior a otros sistemas económicos al basarse en el intercambio voluntario.

Ian Vásquez

Consecuencia de la división del trabajo, que en nuestros días ha alcanzado una increíble complejidad, tanto por su extensión como por su profundidad, buena parte de los bienes y servicios que necesitamos para satisfacer nuestras necesidades son producidos por alguien más, por lo que son propiedad de alguien más, de tal manera que la pregunta que debemos responder es cuál es la manera justa y eficaz de conseguirlos, siendo justo, desde el punto de vista ético, lo que respeta los derechos de los demás, y eficaz, desde el punto de vista económico, lo que eleva el bienestar de todos los involucrados.

La primera manera de disponer de lo que necesitamos, y que por obra y gracia de la división del trabajo es propiedad de alguien más, es recurriendo a la generosidad del otro y pedírselo regalado. Esta manera es justa, no se viola el derecho de nadie (quien pide regalado no roba), pero ineficaz, porque solamente se eleva el bienestar del que recibe (que ahora tiene más) pero no del que da (que ahora, al margen de la satisfacción moral de haber ayudado a un necesitado, tiene menos).

La segunda manera de disponer de lo que necesitamos, y que por obra y gracia de la división del trabajo es propiedad de alguien más, es recurriendo al miedo del otro y roborárselo a punta de pistola. Esta manera es injusta, ya que viola el derecho de propiedad de la  víctima, y también ineficaz, ya que eleva el bienestar del delincuente (que ahora tiene más) pero reduce el de la víctima (que ahora tiene menos).

¿Debemos esperar de la generosidad o el miedo de los demás la satisfacción continua de nuestras necesidades? ¿Cuántas veces estaría una persona dispuesta a, por ejemplo, darle de comer a otra? ¿Tantas como ésta se lo pida? ¿Una y otra y otra vez? ¿Cuántas veces estaría dispuesta una persona a, por ejemplo, dejar que le roben su comida? ¿Una y otra y otra vez? ¿Tantas como el ladrón lo intente?

Si no debemos esperar de la generosidad o el miedo de los demás la satisfacción repetida de nuestras necesidades, y si los satisfactores que necesitamos, consecuencia de la división del trabajo, son propiedad de alguien más, ¿a qué debemos recurrir para satisfacer, cuántas veces sea preciso, nuestras necesidades? Al interés del otro: cuantas veces estemos dispuestos a pagarle el precio al cual está dispuesto a proveernos de lo que es suyo, lo conseguiremos. Si lo ayudamos, dándole lo que pide a cambio, él nos ayudará, dándonos lo que necesitamos. La clave está en la libertad de las partes involucradas, sin la cual no puede haber mercado.

Esta tercera manera de disponer de lo que necesitamos, y que por obra y gracia de la división del trabajo es propiedad de alguien más, es justa y eficaz. Justa ya que se respetan los derechos de los demás. Eficaz ya que ambas partes, por valorar más lo que reciben que lo que dan a cambio, incrementan su bienestar.

Esta tercera manera es la del mercado, definido como la relación de intercambio entre compradores y vendedores, cuyo resultado es un bien común: bien porque ambas partes GANAN; común porque AMBAS partes ganan, y es la manera justa y eficaz para obtener lo que necesitamos y que, por obra y gracia de la división el trabajo, es propiedad de alguien más, justicia y eficacia del mercado que todavía son puestas en duda por muchos.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.