De la ley nace la seguridad.
David Hume
Las leyes, justas o injusta, eficaces o ineficaces, tienen una ventaja: brindan seguridad jurídica. Donde hay leyes la gente conoce cuáles son las reglas del juego, sabe a qué atenerse, sabe cuáles son los límites de su conducta y, más importante, conoce los límites de la conducta de los gobernantes, imposición de límites que tienen un objetivo: el respeto a los derechos. Como afirma la consigna: respetando los derechos de los demás, haz lo que quieras.
Si las leyes son injustas, porque violan derechos, hay que cambiarlas y, si no es posible, desobedecerlas. Una de las primeras reglas de la justicia es combatir las injusticias, que pueden ser consecuencia de leyes injustas, que son una contradicción, porque la función de la ley es reconocer plenamente, definir puntualmente y garantizar jurídicamente los derechos de las personas, y las leyes injustas hacen exactamente lo contrario.
Si las leyes son ineficaces, porque no generan la obligación ética de cumplirlas, lo cual por lo general sucede si son injustas, entonces hay que tratarlas como tales, intentar cambiarlas y, si no hay manera, desobedecerlas.
Por razones obvias las leyes injustas, que violan derechos, resultan ineficaces porque no generan la obligación ética de cumplirlas.
De la misma manera, pero en sentido contrario, por obvias razones las leyes justas, que sí reconocen plenamente, que sí definen puntualmente, y que sí garantizan jurídicamente los derechos, tienen una mayor probabilidad de ser eficaces, de generar la obligación ética de cumplirlas, es decir, de lograr su cumplimento por convencimiento, no por miedo al castigo.
Si conviven personas surgen reglas. No puede haber convivencia sin reglas, que pueden ser informales (usos y costumbres) o formales (normas jurídicas) y, formales o informales, pueden ser justas o injustas y eficaces o ineficaces, debiendo ser justas y eficaces, teniendo mayor probabilidad de serlo las informales, que pueden cambiarse más fácilmente que las formales, cuyas modificaciones requieren de procesos legislativos y, por lo tanto, de acuerdos políticos, todo lo cual puede resultar complicado por los intereses involucrados, algo que no está presente, al menos no de manera tan explícita, ni de forma tan fuerte, en el caso de las reglas informales, producto de la acción humana, en concreto de la convivencia, pero no del diseño humano, en concreto de la acción legislativa.
Justas o injustas y eficaces o ineficaces, la ventaja de las leyes es que proporcionan seguridad. Se conocen las reglas del juego, cualquiera que éste sea. La gente sabe a qué atenerse, sabe qué debe esperar de los demás y, muy importante, sabe qué debe esperar del gobierno. Si son injustas y/o ineficaces entonces hay que cambiarlas, teniendo en cuenta que, si son ineficaces, si no generan la obligación ética de cumplirlas, puede deberse a que sean injustas, a que no reconozcan plenamente, no definan puntualmente, y no garanticen jurídicamente los derechos de las personas, como sucede frecuentemente, lo cual da como resultado la degeneración del Estado de Derecho en Estado de chueco.
Como dice Hume, de la ley nace la seguridad, y una muy importante, la jurídica. Y de la ley justa nace algo más importante, las justicia, el Estado de Derecho.
Por ello, pongamos el punto sobre la i.

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