Los cimientos del atractivo de Trump volaron por los aires por su inepto desempeño.
Mi intuición me permitió predecir con éxito quién sería el próximo presidente de México desde 1969. En el sistema del viejo PRI[1] lo único que había que hacer era ver la sucesión desde el punto de vista del único elector que contaba, el presidente en funciones.
Díaz Ordaz (1964-70) eligió a quien pretendió serle leal durante los disturbios de 1968. Echeverría (1970-76), al amigo viejo que creyó le sería leal y capaz de resolver la crisis económica del momento. López Portillo (1976-82), al experto en economía, a la sazón de nuevo en crisis, y con el valor para llevarle la contra.
Miguel de la Madrid (1982-88), a quien consolidaría su proyecto de reforma liberal de la economía. Carlos Salinas (1988-94), al quien podría manipular para cambiar la ley y reelegirse en el 2000, pero le falló al ser asesinado en campaña, y se equivocó de nuevo al optar por quien lo traicionó.
Zedillo (1994-2000), que provocó la crisis financiera más grave de la historia en sólo 20 días, concluyó que su única esperanza era que ganara la oposición y ostentarse como el líder de la “restauración democrática” por lo que apoyó a Vicente Fox (2000-06) del PAN[2] para derrotar al candidato de su partido.
Al abrirse más el juego democrático, como en EU, se complicó acertarle al ganador pues ahora ya no contaba sólo un elector. A pesar de ello, mi récord de adivinanzas exitosas en EU no es malo. Acerté con Nixon (68 y 72) y con Ford (1974-77), que perdió por eximir a Nixon impidiendo ser juzgado por Watergate.
Acerté con Reagan, Bush, Clinton, Bush 2 y Obama, pero dónde me fui de bruces fue con Trump, pues dejé que mi repugnancia hacia él cegara mi juicio. A sólo cien días de la próxima elección, apuesto que Trump perderá, a pesar de que muchos creen que si hizo el milagro en 2016 lo repetirá de nuevo.
Trump ganó al construir una narrativa que se ajustó al estado de ánimo del electorado, sobre todo en los “estados bisagra,” con tres argumentos exitosos:
1. Las cosas no pueden estar peor pues EU se ha vuelto “un país del tercer mundo” y el “basurero de los problemas de todos los demás.” “¿Qué tienes que perder? ¡Dale la oportunidad a Trump y él lo arreglará todo!”
2. Gobernar de hecho es fácil. En la visión de Trump los políticos fallaron porque eran unos “payasos” y una “caterva de estúpidos,” por lo que el país podía cambiar de rumbo sin problema bajo el mando de quien no era parte del sistema.
3. El liderazgo moral realmente no importa. “No estamos eligiendo al ‘sacerdote en jefe’ afirmó uno de sus fanáticos seguidores evangélicos.” Muchos votantes, preocupados por los “valores morales” de la sociedad, enfatizaban sus nombramientos judiciales y no su carácter fallido.
Ninguna de estas ofertas que le dieron el triunfo, es válida hoy con la doble catástrofe de la pandemia mortal y el colapso económico. Los cimientos del atractivo de Trump volaron por los aires por su inepto desempeño.
Cualquier parecido con el México de hoy no es casual, ¡ambos líderes, siendo hermanos siameses, son idénticos!
[1] Partido Revolucionario Institucional, fundado en 1927 con otro nombre e inspirado en el Partido Fascista Republicano de Benito Mussolini.
[2] Partido Acción Nacional, fundado en 1939 como vehículo electoral de la democracia cristiana.

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