junio 4, 2026

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FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN EN MÉXICO DOCTOR HERIBERTO JAIME RUBIO ORTÍZ

LA EDUCACIÓN ES NECESARIA PARA HABLAR DE CIUDADANÍA.

Toñuca Edo. de México, junio de 2026

Por el Maestro Guillermo Navarro López.

Entre las preocupaciones principales del mundo contemporáneo, destaca una que afecta de manera directa la vida cotidiana de las personas: la inseguridad personal y pública. No se trata únicamente de un problema circunstancial, sino de un fenómeno complejo, de carácter multicasual, que involucra factores sociales, culturales, políticos e incluso personales, los cuales comienzan a configurarse desde las primeras etapas de la vida.

A pesar de los múltiples esfuerzos por combatirla, ya sea mediante políticas públicas, estrategias de seguridad o reformas legales, muchas de las soluciones propuestas no han atendido de manera suficiente sus causas más profundas. Esto ha provocado que, aunque se logren ciertos avances temporales, el problema persista e incluso se intensifique. Por ello, el propósito de esta exposición es identificar dichas causas y analizarlas desde una perspectiva científica, tecnológica y filosófica, con el fin de aproximarnos a soluciones más integrales y duraderas.

Ahora bien, para comprender un problema de esta magnitud, no basta con observar sus manifestaciones más visibles, como los delitos o los actos violentos. Es necesario ir más allá de los síntomas y preguntarnos por su origen. En este sentido, la filosofía ocupa un lugar central, ya que no se limita a describir los hechos, sino que busca comprender la realidad desde sus últimas causas, es decir, desde aquello que explica por qué las cosas son como son.

Desde esta perspectiva, resulta especialmente pertinente centrarse en la filosofía del hacer o filosofía de la eficacia, ya que nuestro interés no es únicamente entender la violencia como fenómeno, sino comprender cómo actuar de manera eficaz frente a ella. Es decir, no solo buscamos conocimiento, sino también orientación para la acción.

Para avanzar en esta reflexión, es necesario distinguir entre los distintos tipos de saberes. Por un lado, los saberes científicos, que estudian lo necesario y tienen como fin la verdad; por otro, los saberes técnicos, que se orientan a la acción y a la transformación de la realidad. Esta distinción es clave, porque permite entender que cada ámbito humano tiene su propia forma de perfección: la verdad en el conocimiento, el bien moral en la conducta y la eficacia en la acción.

Si aceptamos que la violencia y la inseguridad son problemas prácticos, entonces debemos preguntarnos qué significa actuar correctamente en este ámbito. La respuesta es la eficacia, entendida corno el logro de la meta propuesta mediante acciones bien realizadas. Sin embargo, es importante subrayar que la eficacia no debe entenderse de manera superficial, como simplemente «obtener resultados», sino como alcanzar resultados correctos, orientados al bienestar de la humanidad.

Para que una acción sea verdaderamente eficaz, debe apoyarse en dos pilares fundamentales: la verdad, que orienta correctamente el juicio, y la eficiencia, que permite ejecutar adecuadamente los medios. Si falta alguno de estos elementos, la acción puede ser incompleta, errónea o incluso contraproducente. En otras palabras, no basta con actuar; es necesario actuar con conocimiento y con orden.

Ahora bien, cuando nos enfrentamos a fenómenos complejos como la violencia, los saberes técnicos, aunque necesarios, resultan insuficientes por sí solos. Se requiere un nivel de comprensión más profundo, un saber sapiencial, capaz de integrar los distintos aspectos de la realidad. Este saber es propio de la filosofía, que permite analizar los fenómenos a través de las cuatro causas fundamentales: material, formal, eficiente y final.

Este enfoque es especialmente valioso porque no solo describe lo que ocurre, sino que permite entender qué es el fenómeno, quién lo produce, cómo se produce y con qué finalidad. De este modo, se abre la posibilidad de intervenir de manera más precisa y efectiva.

Si retomamos ahora el problema inicial de la inseguridad, podemos comprender que esta no constituye un ente en sí mismo, sino la privación de la seguridad, es decir, la ausencia de condiciones que garanticen la integridad, la libertad y el bienestar de las personas. Al analizar los factores que generan esta ausencia, se hace evidente que la violencia aparece como el elemento constante, lo cual nos permite afirmar que la inseguridad es, en gran medida, efecto de la violencia.

Esto nos obliga a dirigir nuestra atención hacia la violencia misma. Desde una perspectiva filosófica, la violencia puede definirse como una acción agresiva contraria a la recta razón, que causa daño a una persona o a sus derechos. Esta definición es particularmente importante, porque introduce un elemento clave: la relación entre la violencia y la razón.

La violencia no es simplemente fuerza o daño; es un acto que se aparta del orden racional. Y esto nos conduce a una pregunta fundamental: ¿por qué el ser humano actúa contra la razón?

La respuesta que ofrece el análisis filosófico es clara y profunda: LA CAUSA ÚLTIMA DE LA VIOLENCIA ES EL VICIO.

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