marzo 12, 2026

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El punto sobre la i

Arturo Damm

Si necesitamos un Estado para combatir otro Estado, por regresión, ¿cómo se justifica la existencia del primer Estado?

Miguel Anxo Bastos

Sustituyo la palabra Estado (entendido como una agrupación de personas, que habitan un  territorio común, regidas por el mismo marco jurídico, y con un gobierno encargado de hacerlo valer), por la palabra gobierno (que es una parte del Estado, pero no el Estado).

Sustituyendo Estado por gobierno la frase de Bastos queda así: «Si necesitamos un gobierno para combatir otro gobierno, por regresión, ¿cómo se justifica la existencia del primer gobierno», que, por haber sido el primero, no tuvo enfrente a otro, del cual defenderse, al cual combatir, desmintiendo la afirmación de que se necesita un gobierno para enfrentar a otro gobierno.

Una de las explicaciones más socorridas para explicar el surgimiento del gobierno, es la del contrato social (desde las ideas de Thomas Hobbes, en Leviatán de 1651,  hasta las propuestas de John Rawls, en Teoría de la Justicia de 1971, sin olvidar a Jean – Jaques Rousseau, en El Contrato Social de 1762), teorías del contrato social que, más que para explicar a priori el surgimiento de los gobiernos, que no surgieron de un contrato social, se usan para justificar a posteriori el quehacer de los gobiernos, que implica el uso de sus tres poderes: obligar, prohibir y castigar, que siempre se usan para limitar el ejercicio de la libertad individual y el uso de la propiedad privada, limitaciones que deben tener la justificación correcta, que solo es una: el respeto a los derechos de los demás. Se debe prohibir y castigar el ejercicio de la libertad individual, y el uso de la propiedad privada, cuando se violen derechos, y solo en ese caso. En ningún otro.

Según las teorías del contrato social, con el fin de hacer valer sus derechos, los integrantes de una comunidad acuerdan delegar en algunos de ellos (los gobernantes), el poder para prohibir que se violen derechos, para prevenir su violación, para castigar al violador, y para obligarlo a resarcir a su víctima, para lo cual necesitan de los tres poderes ya señalados: el poder para obligar a todos a entregarles una parte del producto de su trabajo (impuestos), con el cual financiar sus tareas; el poder para prohibirles la violación de derechos; el poder para castigar a los violadores, y el poder para obligarlos a resarcir a sus víctimas. Dos obligaciones, una prohibición y un castigo.

Según las teorías del contrato social, el gobierno surge de ese acuerdo entre los integrantes de una comunidad, no para que los defienda de otros gobiernos, sino para que los defienda de ellos mismos, haciendo valer los derechos de cada uno. No es gobierno contra gobierno, sino gobierno contra malos ciudadanos, los violadores de los derechos de los buenos ciudadanos. Todo esto en teoría, porque en la práctica lo que tenemos es el gobierno contra todos los ciudadanos, violando los derechos de todos, que es lo que sucede cuando el gobierno hace algo más que prohibir que se violen derechos, prevenir su violación, castigar al violador, obligarlo a resarcir su víctima, tal y como es hoy la regla: los gobiernos hacen aquello que debían evitar: violar derechos y, muchas veces, de manera legal.

Si queremos entender el surgimiento del gobierno, con sus tres poderes (obligar, prohibir y castigar), que usa para limitar el ejercicio de la libertad individual, y el uso de la propiedad privada, hagamos de lado las teorías del contrato social y recurramos, para empezar, a Franz Oppenheimer y a su libro El Estado, de 1908, que cito: “El Estado, totalmente en su génesis, esencialmente y casi totalmente durante las primeras etapas de su existencia, es una institución social, forzada por un grupo victorioso de hombres sobre un grupo derrotado, con el único propósito de regular el dominio del grupo de los vencedores sobre el de los vencidos, y de resguardarse contra la rebelión interior y el ataque desde el exterior”. 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.