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México | Emisiones de Gases de Efecto Invernadero y acciones de mitigación y adaptación

Ciudad de México, 25 de octubre de 2021

Guillermo Jr. Cárdenas / Juan José Li Ng / Carlos Serrano
Análisis Cambio Climático y Desarrollo Sostenible

Cada vez hay más evidencia científica que relaciona el aumento de la temperatura global con el incremento en frecuencia y severidad de eventos climáticos catastróficos, los cuales generan costos directos e indirectos a diversos sectores económicos, empresas, familias y personas, que toman decisiones de gasto e inversión de modo subóptimo debido a la incertidumbre alrededor del cambio climático.

México cuenta con una Ley General de Cambio Climático, creada en 2012 y reformada en 2018 para establecer la figura de la «Contribución Determinada a nivel Nacional (NDC)» y su compromiso con el conjunto de objetivos y metas, asumidas por México, en el marco del Acuerdo de París, en materia de mitigación y adaptación al cambio climático.

En la actualización de la NDC, se estimó que México emitió 804 millones de toneladas de bióxido de carbono equivalente (MtCO2e) de Gases de Efecto Invernadero en 2020, que representaron cerca del 1.3% de las emisiones globales. Habría que esperar la estimación final que considere de forma íntegra los efectos de la pandemia por COVID-19.

De no hacer nada, en el escenario continuista, para 2030 se proyecta que las emisiones de México llegarán a 991 MtCO2e, +23% respecto a 2020.

México estableció dos metas en el componente de mitigación en su NDC actualizada a 2020: 1) reducir las emisiones nacionales de Gases de Efecto Invernadero en un 22% a 2030 en el caso “no condicionado” y en 36% en el caso “condicionado”, y 2) reducir las emisiones de carbono negro en un 52% a 2030 en el caso “no condicionado” y en 70% en el caso “condicionado”.

En 2020, y para los próximos 10 años, la actividad de transporte es, y continuará siendo, el sector que produce más Gases de Efecto Invernadero en México, con alrededor de una cuarta parte del total.

En la NDC que México actualizó en 2020, se pasó de 15 acciones relacionadas con el componente de adaptación en 2015 a un esquema de 27 líneas de acción vinculadas a 5 ejes, de las cuales sobresalen nuevas acciones que buscan reducir impactos en salud por enfermedades relacionadas con cambio climático, la atención al desplazamiento forzado por cambio climático, el combate a la desertificación, la conservación y restauración de mares y océanos, entre otros.

Actualmente, se discute en el Congreso una propuesta de reforma constitucional que podría llevar a privilegiar medios de producción de electricidad más contaminantes, como las termoeléctricas, y que afectarían fuentes más limpias y sostenibles como la solar y la eólica, lo que hace aún menos probable la consecución de la NDC de México.

Cuando se habla de cambio climático, hoy en día, a pesar de que hay muchas incertidumbres, la ciencia tiene certeza de tres hechos: i) la temperatura a nivel global está aumentando, ii) esto se debe, en gran medida, a las emisiones de gases de efecto invernadero que generan las actividades del ser humano, y iii) ese incremento de temperatura está generando cambios en el ecosistema que ponen en riesgo, no solo las actividades productivas de los humanos, sino también a su existencia.

De acuerdo con el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, el cambio climático “hace referencia a una variación del estado del clima identificable (por ejemplo, mediante pruebas estadísticas) en las variaciones del valor medio o en la variabilidad de sus propiedades, que persiste durante períodos prolongados, generalmente décadas o períodos más largos. El cambio climático puede deberse a procesos internos naturales o a forzamientos externos, tales como modulaciones de los ciclos solares, erupciones volcánicas y cambios antropógenos persistentes de la composición de la atmósfera o del uso de la tierra” (IPCC, 2018). Sin embargo, para la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el cambio climático se define como el “cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera global y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables. […] Diferencia, pues, entre el cambio climático atribuible a las actividades humanas que alteran la composición atmosférica y la variabilidad climática atribuible a causas naturales” (IPCC, 2018).

En los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se encuentra el de “Acción por el clima” (ODS 13), el cual busca adoptar “medidas urgentes” para combatir el cambio climático y sus efectos. Dentro de sus metas están las de fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos vinculados con el clima y los desastres naturales; incorporar medidas relativas al cambio climático en políticas, estrategias y planes nacionales; y mejorar la educación y sensibilización humana e institucional para mitigar el cambio climático, entre otras. Sin embargo, hay otros ODS que están relacionados con el cambio climático como son:

“Hambre Cero” (ODS 2). Una de las causas que están generando que haya población que padezca hambre es el cambio climático. Por ello, una de las metas es asegurar la sostenibilidad alimentaria que, entre varios aspectos, sea lo suficientemente capaz de adaptarse al cambio climático (incluyendo, fenómenos meteorológicos extremos, sequías, inundaciones u otros desastres naturales).

“Energía asequible y no contaminante” (ODS 7). Considerando que, alrededor del 60% de todas las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero provienen de la energía, por ello, las metas de este objetivo están relacionadas con tener en el mundo energías renovables, eficientes, menos contaminantes y más limpias.

“Industria, innovación e infraestructuras” (ODS 9). Entre otros aspectos, este objetivo busca contar con infraestructuras resilientes a los desastres y al cambio climático, cuya necesidad ha puesto de manifiesto la pandemia.

“Ciudades y comunidades sostenibles” (ODS 11). Dentro de las metas que existen en este objetivo, se encuentra la de aumentar el número de ciudades y asentamientos que, entre otros aspectos, implementen políticas y planes integrados que mitiguen el cambio climático y se adapten al mismo, así como su resiliencia ante los desastres.

“Vida de ecosistemas terrestres” (ODS 15). Con este objetivo se busca gestionar sosteniblemente los bosques, así como luchar contra la desertificación, la degradación de las tierras y la pérdida de biodiversidad; y una de las causas que están generando la deforestación y desertificación es el cambio climático (Naciones Unidas, 2021a).

Es por ello que es importante hablar no solo de la problemática que tiene el cambio climático, sino también de las acciones que los países están llevando a cabo para mitigarlo y adaptarse.

Análisis BBVA: descargar aquí

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VERONICA EUGENIA MEDINA AGUILERA, v.medina@bbva.com ARMANDO REYNA ESTRADA, ar.reyna@bbva.com