marzo 12, 2026

EMPREFINANZAS

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El punto sobre la i

Arturo Damm

Los enemigos de la libertad –de izquierda, derecha o centro– tienen un denominador común: la fe en el Estado.

Roland Baader

Parafraseo a Baader: “Quienes tienen fe en el Estado –de derecha, centro o izquierda– comparten un denominador común: son enemigos de la libertad”. ¿Por qué? Porque los tres poderes del Estado, que para todo efecto práctico es el gobierno en turno, son el poder para obligar, el poder para prohibir, y el poder para castigar, poderes que siempre se usan para limitar el ejercicio de la libertad individual y el uso de la propiedad privada, ejercicio de la libertad que siempre involucra el uso de alguna propiedad, por lo que ésta es la condición de posibilidad del ejercicio de aquélla. En la misma medida que se limita la propiedad privada se limita la libertad individual. En la misma medida que se limita el uso de la propiedad privada se limita el ejercicio de la libertad individual. Además de liberalismo, debería también hablarse de propietarismo.

¿Qué quiere decir tener fe en el Estado, que es tanto como tener fe en el gobierno? Aventuro una respuesta.

Para sobrevivir los seres humanos tenemos que realizar ciertas tareas, muchas de las cuales caen en el ámbito de lo que normalmente se entiende por economía, y que abarcan, desde la producción de bienes y servicios, hasta su consumo, siendo éste el fin y aquélla el medio. La primera pregunta que surge es quién debe decidir qué y cuánto producir. Hay dos respuestas posibles. Primera: los empresarios, en función de las decisiones de los consumidores para comprar o dejar de comprar, reflejadas en el comportamiento de los precios, y por lo tanto en las pérdidas o ganancias, para lo cual se requiere de la libertad individual para producir, ofrecer y vender, y de la propiedad privada sobre los medios de producción, necesarios para poder producir, ofrecer y vender, es decir, de una economía de mercado. Segunda: los gobernantes, en función de lo que consideren correcto, para lo cual se requiere de una economía gubernamentalmente planificada, sin libertad individual para producir, ofrecer y vender, sin propiedad privada sobre los medios de producción.

Tener fe en el Estado, que en la práctica es el gobierno, es creer que, en términos del bienestar de las personas, que depende de la cantidad, calidad y variedad de los bienes y servicios de los que disponen, se logran mejores resultados, por medio de la economía gubernamentalmente planificada, que a través de la economía mercado. Es creer que las actividades económicas, comenzando por la producción de bienes y servicios, deben orientarlas las decisiones de los burócratas (economía gubernamentalmente planificada), y no las de los consumidores, comprando o dejando de comprar, influyendo en el comportamiento de los precios y en el resultado de la actividad empresarial: ganancias o pérdidas (economía de mercado).

Tener fe en el gobierno, que es la materialización del Estado, es desconfiar, sobre todo en el ámbito de la economía, de la libertad individual y la propiedad privada, y por lo tanto de la responsabilidad personal, para confiar en la propiedad gubernamental de los medios de producción, y por lo tanto en la sumisión de los agentes económicos, sobre todo por el lado de la producción y oferta de satisfactores, a la voluntad del gobierno, que son los gobernantes en turno.

Creer en el Estado, creer en el gobierno; ser  gubernamentólatra, ser estatólatra; es no creer en la persona, en la libertad individual, en la propiedad privada, en la responsabilidad personal. Es descreer del laissez faire (dejar hacer) y del laissez avoir (dejar poseer). Hoy muchos descreen. Hoy muchos no creen.

Por ello, pongamos el punto sobren la i.