Jesús Galindo y Miguel A. Cervantes.
En ciertos países la transferencia voluntaria y gradual de responsabilidades se ha dado en forma pacífica, sin sobresaltos armados, sin despertar odios recíprocos, como sí es característico en la histortia de latinoamérica y de Estados Unidos.
Las fiestas de independencia son tradicionales cada año, las familias acuden a las plazas para divertirse con la celebración y saborean los antojitos de las romerías que se organizan con adornos de pirotecnia reviviendo los hechos que terminaron con las colonias o en el caso de México, el emocionante momento en que se inició la gesta historica.
Se cuentan 20 países de latinoamérica que se independizaron de las coronas europeas de España mayormente, una de Francia y otra de Portugal a partir de 1804 con Haití, hasta la independencia de Cuba en 1902. Seis de las rebeliones se declararon en el mes de septiembre. Dos más en octubre y noviembre y el resto, antes del mes de septiembre. República Dominicana se independizó de Haití y Uruguay hizo lo propio de Brasil.
En el mes patrio de las naciones, se celebran con bombo y platillo sus separaciones, coloridos desfiles y proclamas reviviendo la historias adornan los aniversarios. Además de las fiestas, también suele ser la oportuinidad para reflexionar sobre los principios que se enarbolaron al inicio de aquellas guerras y su materialización en la vida contemporánea. El pensamiento detrás de las independencias no fue a causa de una inspiración totalmente humanista, sino para detentar en la región el poder económico y político que se ordenaba desde tierras europeas.
Cuando México se independizó en 1821, quedó entendido que España y México establecían relaciones amistosas o diplomáticas al menos, que sin embargo no se cumplieron inmediatamente porque la separación dejó heridas en el orgullo y en la economía del país ibérico y rencores en México.
Muy diferentes a latinoamérica fueron las transiciones de Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Estos países nunca se han independizado formalmente del Reino Unido, increíblemente no cuentan con una carta declarando su independencia. La monarca Elizabeth II del Reino Unido, sigue siendo la reina de estos países y tiene su representante en la figura de gobernador general. Lo que ha pasado en esta excepción a las independencias, es que el Reino Unido gradualmente a partir de 1847 en Canadá y 1905 en Australia y Nueva Zelanda ha ido transfieriendo responsabilidades a estos países. De esta forma esas naciones son independientes en el ejercicio práctico del gobierno, aunque legalmente la reina Elizabeth II permanece a la cabeza de estado de forma protocolaria.
La transferencia voluntaria y gradual de responsabilidades se ha dado en forma pacífica, sin sobresaltos armados, sin despertar odios recíprocos, como sí es característico en la histortia de latinoamérica y de Estados Unidos. El Reino Unido guarda relaciones amistosas con estos países y ante la falta de violencia, que no genera más violencia, las personas en estos países sienten orgullo del legado Británico, no hay reproches ni exigencias de pedir perdón por hechos de hace 500 años. En el caso de Canadá, el orgullo es doble por los legados Británico y Francés, es una descendencia que presumen y cuidan los habitantes. En el mes agosto, la provincia de Quebec celebra las fiestas de la Nueva Francia.
Hablamos de tiempos relativamente distintos pero de una madurez racional de contrastes entre las coronas. Si España hubiera otorgado una independencia gradual, como hizo la corona británica en Canadá, Australia y Nueva Zelanda, la situación sería diferente y más pronto se habrían construido instituciones sólidas y de cooperación mutua. Pero conocemos la sangrienta historia contra los insurgentes.
Una vez declarada la independencia de México en 1821, sin mencionar posturas antagónicas de conservadores y liberales de la nueva nación, fuerzas que durante la lucha eran aliadas pero por sus matices o intereses se levantaron en disputas internas para quedarse con el mencionado poder político y económico. A pesar de la construcción paulatina de México como país, que defendiendo la nación se enfrentó en guerras contra países que lo invadieron y se le impuso un emperador extranjero a petición de conservadores mexicanos, fue hasta 1876 que empezó a crear condiciones estables.
Las relaciones amistosas entre España y México no llegaron de inmediato con Agustín de Iturbide, quien dicho de paso, a la vuelta de unos años fue declarado traidor a México y se le fusiló en 1824… tres años después de aquel abrazo. Fue al final del siglo XlX que las relaciones se establecieron entre España y México.
Antes de apagar.– Mientras AMLO hace sus arengas anti-España, muchos inmigrantes africanos quisieran vivir y trabajar con su vecino peninsular buscando un futuro.

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