marzo 10, 2026

EMPREFINANZAS

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el punto sobre la i

Arturo Damm

Decir que las mayorías, como tales, tienen el derecho de gobernar a las minorías, es igual a decir que las minorías no tienen, ni deben tener, derecho alguno, excepto aquel que las mayorías les permitan.

Lysander Spooner

Nadie debe gobernar a nadie: ni la mayoría a la minoría, ni la minoría a la mayoría, ni uno al resto, ni el resto a uno. ¿Quiere esto decir que no debe haber gobierno? No, lo que quiere decir es lo dicho: que nadie debe gobernar a nadie. Si nadie debe gobernar a nadie, pero debe haber gobierno, ¿cómo ejercerlo? No por medio de alguien, el gobernante, sino a través de algo, la ley.

Lo propio del ser humano es estar gobernado por leyes, no por hombres, por más que sean los hombres quienes hagan las leyes, leyes que deben ser justas, siendo tales las que reconocen plenamente, definen puntualmente y garantizan jurídicamente los derechos (¡que realmente lo sean¡), de las personas, leyes justas que son la esencia del Estado de Derecho, definido como el gobierno de las leyes justas que, además de éstas, requiere de autoridades honestas y eficaces, dependiendo su eficacia, en la mayoría de los casos, de su honestidad.

Para entenderlo mejor recurramos al liberalismo, que no es una ideología, una idea preconcebida de cómo debe organizarse la sociedad, y por lo tanto de cómo deben actuar las personas, y de cómo debe obligárseles a actuar de esa manera, sino un precepto, una norma de conducta, que ante todo es ética, debiendo ser también legal: Respetando los derechos de los demás, y asumiendo el riesgo y la responsabilidad, haz lo que quieras.

Si todos respetan el precepto, si todos actúan como liberales, no hace falta alguien que imponga el respeto a los derechos de los demás, que prevenga la violación de los derechos de los demás, que castigue a quien viole los derechos de los demás, y que obligue al violador a resarcir a la víctima. No hace falta un gobierno. Pero como no todos actúan como liberales, no todos respetan los derechos de los demás, y nunca falta quien los viola, se necesita del gobierno, cuyas cuatro tareas son las ya mencionadas: (i) prohibir que se violen derechos; (ii) prevenir que se violen derechos; (iii) castigar a quienes violen derechos; (iv) obligar a los violadores a resarcir a las víctimas, tareas propias del poder legislativo (prohibir, por medio de leyes, la violación de derechos), del policial (prevenir que se violen derechos), y del judicial (castigar la violación y obligar al resarcimiento).

Con este esquema, que es el liberal, ninguna mayoría impone nada a una minoría, ninguna minoría impone nada a una mayoría, uno no le impone nada al resto, ni el resto le impone nada a uno. Con este esquema a todos se les impone lo mismo, todos son tratados de igual manera: a todos se les prohíbe violar derechos, con todos se pretende prevenir la violación de derechos, a todos los violadores se pretende castigarlos, y a todos se pretende obligarlos a resarcir. Escribo “se pretende” porque ni la prevención de delitos, ni el castigo a los delincuentes, ni el resarcimiento de las víctimas, es siempre posible, por más honestas y eficaces que sean las autoridades encargadas de realizar esas tareas.

Con este esquema, que es el liberal, se hace valer la justicia, que consiste, en un primer momento, en el respeto a los derechos de los demás, prohibir violarlos y prevenir su violación, y, en un segundo, si se violaron, en el castigo al violador y el resarcimiento de la víctima, justicia que consiste, como lo dijo Ulpiano: en la constante y perenne voluntad de darle a cada quien lo suyo, a lo cual yo agrego, siendo lo suyo de cada quien el derecho de cada cual, por lo que la justicia es el respeto a los derechos de los demás.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.